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Las esperanzas de Valeria en el Madrid de los Austrias

Una de las cosas que más me ha llamado la atención es que Las esperanzas de Valeria no transcurren en escenarios extraordinarios ni busca impresionar mediante situaciones espectaculares. Todo lo contrario. El autor sitúa la acción en lugares reconocibles, cercanos, cotidianos. Ciudad Real, localidad que me es muy familiar, aparece como un espacio vivo, lleno de relaciones personales, de proyectos empresariales, de conversaciones familiares y de pequeñas historias que terminan formando parte de una historia mucho más grande que supone esta novela.

Esa cercanía tiene una gran importancia. Los lectores no encuentran aquí personajes alejados de la realidad, sino personas que podrían formar parte de nuestro entorno. Personas que estudian, trabajan, se enamoran, se equivocan, dudan y vuelven a empezar.

Y precisamente por eso la novela resulta tan creíble.

Andrés Pinar demuestra además una gran capacidad para observar el comportamiento humano. A lo largo de la obra aparecen empresarios, profesionales, políticos, familiares y amigos, pero ninguno de ellos está construido de manera superficial. Cada personaje posee una personalidad propia, una forma particular de mirar el mundo y unos objetivos que condicionan sus decisiones.

Como ocurre en la vida real, nadie es completamente bueno ni completamente malo. Todos actúan impulsados por sus deseos, sus ilusiones, sus inseguridades o sus ambiciones.

La novela se presentó en la biblioteca Iván de Vargas en pleno centro de Madrid, junto a la Pza. de la Villa y la calle Mayor. Acompañaron al autor las escritoras Elena Muñoz y Margarita Campos.

Publicado en: Actividades

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